Opinión
Puntos sobre las íes
Es curioso como el llamado establishment -aquellos que se aferran a los privilegios que les da el poder para fijar sus reglas del juego- suele tener una debilidad por fabricar villanos políticos para sacarle la vuelta al cambio.
Pero esos intentos colapsan cuando se someten al voto popular, es lo que define en una democracia quién nos gobernará.
Por ejemplo, el caso del expresidente Alberto Fujimori en Perú. El político que liberó a ese país del terrorismo de Sendero Luminoso, pero que terminó preso desde 2005, acusado de crímenes de lesa humanidad.
El establishment jamás le perdonó a Fujimori que, trastocara los privilegios de algunas élites que lucraban con el hambre.
Y a pesar de poner los cimientos del nuevo Perú, sus acciones contra el terrorismo sirvieron de pretexto para enviarlo a la cárcel “por violación de derechos humanos”.
Pero eso no impidió que en la última elección presidencial, su hija Keiko Fujimori se alzara victoriosa en la primera ronda. Y que su hijo, Kenji Fujimori, fuera el candidato a diputado que más votos logró y que lo instaló como líder del Congreso.
¿Creen ustedes que un pueblo que de verdad pensara que Fujimori es un corrupto habría votado por su hija para la presidencia –perdió en la segunda ronda, cuando los partidos se aliaron con Pedro Pablo Kuczynski – o a su hijo para jefe legislativo?
Viene esta historia a cuento, porque en México algunos personajes del establishment, preocupados porque saben que de llegar Andrés Manuel López Obrador al poder amenazaría sus privilegios, financian una campaña mediática para venderlo –otra vez- como “el peligro para México”.
Curiosa situación si se asoma uno a la última encuesta del Grupo Reforma sobre las intenciones de voto en la Ciudad de México, y que ubican a Morena con ventaja de dos a uno sobre el PRD, su rival y actual dueño político de la capital.
Si algunos electores pueden dar fe de que López Obrador fue o no buen gobernante, esos son capitalinos. Fue su jefe de Gobierno del 2000 al 2006. Bajo el PRD.
Ahora el tabasqueño tiene a Morena, y el PRD, que ganó la ciudad capital desde 1994 hasta el 2012, se desplomó a la mitad de los apoyos que hoy tiene López Obrador.
La encuesta de Reforma demuestra que la ciudadanía rechaza al PRD que los gobierna y que busca en Morena y López Obrador el buen gobierno perdido. ¿O serán masoquistas los capitalinos?
La intención de voto es de 34 por ciento para Morena, 17 por ciento para el PRD, 16 para un posible Independiente, 14 para el PAN y apenas un 8 por ciento para el PRI.
Morena, en su primera salida al ruedo, ya le saca 400 por ciento más de intención de voto al PRI, partido que gobierna el país, pero que no puede con la Ciudad de México.
Si el PRD y el PAN se alían, no alcanzan a Morena. Si el PAN y el PRI se alían, menos. La ventaja de Morena es descomunal.
Por eso la urgencia de hacer de López Obrador un Fujimori. Porque saben -como ya se comprobó en Perú- que si el camino es el voto, la Ciudad de México ya es Morena.
* Esta opinión no refleja la del periódico